lunes, 18 de mayo de 2015

NUESTRAS GUERRAS: RELATOS SOBRE LOS CONFLICTOS VASCOS




Muestras guerras, relatos sobre los conflictos vascos, recopilación de Mikel Ayerbe. Editorial Lengua de Trapo.
 
Este libro es un conjunto de relatos (de extensión muy diversa) seleccionados y prologados por Mikel Ayerbe, escritos originalmente en euskera (eso es importante tenerlo en cuenta) y que giran, de diferente manera, alrededor de lo que el subtítulo denomina, algo eufemísicamente (y será solo mi opinión) los conflictos vascos.
 
Quien se acerque al libro y vea su portada (cuatro instantáneas de un asalto a una cabina telefónica, intuimos que en un episodio de kale borroka) nos pone de entrada en la pista de estar hablando exclusivamente de ETA, pero lo cieto es que el marco histórico en el que se circuncriben los escenarios de estas narraciones arrancan en la Guerra Civil Española, y se prolongan hasta el más inmediato presente.
 
Es decir que en definitiva esta recopilación busca ser una visión de cómo la lengua vasca ha tratado literariamente este largo periodo. Sin duda, de entrada, es un tema que va más allá de lo estrictamente literario (o porque precisamente la literatura no deja de ser la plasmación de muchas otras cosas), y por tanto, todas las decisiones que abarcan la elaboración de este libro, desde el propio criterio a la hora de seleccionar las narraciones como el periodo histórico en el que se circunscriben no van a dejar de leerse como una visión del propio autor a la hora de explicar dicho conflicto.
 
Los escritores reunidos van desde algunos de los grandes de la literatura vasca (Axtaga, Saizarbitoria, que tienen un peso especial en el numero de páginas) hasta las voces más recientes (Haritz Cano, Aparategi, Zaldúa) pasando por muchos otros (no siempre conocidos  por el lector castellanohablante), y suponemos que dejando fuera a muchos más, como es irremediable en este tipo de recopilaciones.
 
Los argumentos son muy diversos: desde los padres que esperan la llamada telefónica que en cualqueir momento les de la noticia de que su hijo, que se mueve dentro del mundo abertzale, haya podido morir en un atentado, el dolor de la mujer que se entera que su marido exiliado está con otra mujer, el terrorista  perseguido por la policía que se refugia en un club de lectura, el vacío y la pérdida de identidad que siente un preso cuando es excarcelado tras varios años de reclusión.... Todas ellas escritas en tonos muy diversos, algunos (los más recientes) con un cierto e inevitable humor negro, recurso necesario tal vez para narrar la violencia cotidiana y siempre al acecho, y siempre más pendientes de jugar con los personajes y las consecuencias que en ellos tiene esa violencia que entrar en las causas que la probocan.
 
De todas maneras, al final es otra cosa lo que más me ha sorprendido de este libro (o tal vez no debiera de sorprenderme tanto). Siempre tomando como representativa esta selección para poder tener una visión certera de qué se ha escrito y cómo se ha hecho durante todos estos años, uno no deja de sorprenderse de la nula repeción que parece haber tenido en las letras vascas la experiencia de las víctimas de ETA y de todo su entorno, no ya como testimonio sino como fuente de inspiración literaria. No sólo el sufrimiento ante la pérdida sino también el acoso silencioso y cotidiano en el que vivieron muchos durante esos años, debería haber suscitado un interés literario evidente.
 
Puede que no sea un problema exclusivo de la literatura en euskera: en castellano tampoco abundan quienes hayan querido abordar este tema: Raúl Guerra Garrido y Fernando Aramburu son con toda probabilidad excepciones a la norma (y disculparán mi ignorancia si me olvido de otros), muy en particular el primero, por el momento en el que lo hizo y por las consecuencias que ello tuvo en su vida.
 
Está claro que de una manera u otra, la literatura es un testimonio claro de toda época que quiera narrar, tanto por lo que se escribe (y cómo lo hace) como también por lo que no se dice.
 

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